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Teoría y práctica de los chirizos

Manuel Molares do Val 29 Nov 2014 - 19:53 CET
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Nadie sabe realmente por qué a los corruptos se les llama chorizos, aunque quizás aluda a los robachorizos en pueblos y aldeas donde en casi todas las casas se sacrificaban cerdos y se elaboraban esos embutidos que se secaban al aire libre y eran fáciles de hurtar.

En el caso de los corruptos españoles debemos establecer varias medidas. No todos los chorizos son iguales en longitud y grosor, por lo que existen choricillos, pequeños y cortos que aspiran a alcanzar el tamaño medio, los más comunes, y éstos, que desean convertirse en chorizazos o chorizones, más largos y gruesos.

Los corruptos españoles no son como los robachorizos del pasado, que los hurtaban para comer, sino que están estimulados por una creciente lujuria: de choricillos pasan paulatinamente a chorizazos…

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Manuel Molares do Val

Natural de Vigo/Pontedeume, Galicia, trabajó para la Agencia EFE como corresponsal permanente en México, Bélgica, la República Popular China –el primer peridista español destinado allí–, y EE.UU. Fue enviado especial en todo tipo de acontecimientos en los cinco continentes.

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