Jehová legislaba la violencia religiosa en la Torá, los cinco libros iniciales de la Tanaj, el Viejo Testamento, pero los judíos la abandonaron y Jesús la rechazó en su Sermón de la Montaña.
Mahoma, que hizo una síntesis deformando esas creencias con intuiciones propias, readaptadas al nomadismo y al machismo arábigos, dictó sus revelaciones en el Corán, texto que se convirtió en palabra textual de Alá, sin posible interpretación racionalista.
La doctrina se complementó para formar la ley islámica, la sharia, con los hadizes, dichos dogmáticos del profeta, como el antiapóstatas: “A aquel que abandona nuestra religión, matadlo”.
Este hadiz y otros similares explican por qué alrededor del 70 por ciento de los musulmanes de todo el mundo, incluidos los residentes en occidente, aprueban la pena de muerte para los apóstatas…
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