La hipocresía de los partidos políticos que se opusieron a que se incluya en el Código Penal la prisión permanente revisable es tal que enmudecen cuando sus propios militantes le preguntan a sus dirigentes qué penas le impondrían a un nuevo Adolf Hitler, que tras quedar en libertad refundara el nazismo.
La Constitución huyó de la pena de muerte, pero además quiso demostrar buenismo, un mayor humanitarismo que las cercanas democracias con cadena perpetua.
Rechazó que la pena es un castigo, cuando debe ser ejemplarizante, y acordó que el delincuente es un buen salvaje:
“(…) Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social (…)”, Art. 25.2…
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