Es un error creer que los quince musulmanes que arrojaron al mar esta semana a doce cristianos desde una patera en el Mediterráneo lo hicieron por “odio religioso”, como acusa la fiscalía italiana: es la religión.
No hay odio, “antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea”, según definición de la Academia, sino la aplicación extrema a los infieles de los mandatos del Corán y los hadizes.
La obediencia a algunas órdenes divinas llega a crueldades infinitas, como narra el libro del Génesis, 22: Dios le pide a Abraham que le demuestre su fe sacrificando como a un cordero a su único hijo, Isaac.
Tras comprobar que Abraham lo hará, Dios evita…
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