Svetlana no pudo tener un padre más amante y tierno, nadie que la cuidara como él, que trataba de darle la felicidad alejándola de las amistades peligrosas, y mientras Papá Iósif era así con “Mi gorrioncillo”, hacía fusilar y enviaba al gulag masivamente a seres humanos hasta provocar veinte millones de muertos, como cuenta Martin Amis en Koba el Temible.
El padre de Svetlana era conocido como Stalin, el líder comunista soviético solo comparable en inhumanidad con Hitler, Mao o Pol Pot.
Años más tarde de la muerte de su padre, en 1953, Svetlana se exilió en EE.UU. y contó como escritora sus experiencias en la URSS en The Faraway music (La música lejana), creo que no está traducido al castellano.
En el texto aparece una frase que define lo que dedujo como súbdita soviética: Los comunistas querían obsesivamente venganza, nunca justicia…
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