Manuela Carmena y Ada Colau han anunciado que expandirán en sus ciudades la agricultura orgánica, llamada ecológica, ignorando que es uno de los orígenes del hambre y la pobreza en el mundo.
Han prometido abrir “huertos” en parques y campos de Madrid y Barcelona para gozo de los habitantes autoproclamados ecologistas, amantes de lo natural.
Esas señoras deberían saber que los cultivos orgánicos, huertos imitando la agricultura prehistórica, y más en grandes ciudades, son antisociales porque usan tal cantidad de agua necesaria para la vida e higiene humanas que agravan las sequías, como ocurre actualmente en California.
El mito de la agricultura ecológica y sus bondades queda desmontado con un informe del Departamento de Agricultura (USDA) de EE.UU. que, tras estudiar 14.450 fincas orgánicas que cubren 4,1 millones de hectáreas, encontró…
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