La mejor Constitución para los españoles de hoy y de las próximas generaciones es la vigente, de 1978, porque sólo necesitará leves reformas para readaptarla a los diferentes tiempos, como la estadounidense, la más antigua del mundo.
Sometidos a la presión obsesiva de nacionalismos y populismos podemitas, muchos políticos reclaman y otros aceptan crear otra que reforme aspectos importantes de la estructura del Estado.
Alegan que la actual se redactó bajo las secuelas del franquismo y no en tiempos libres de traumas del pasado.
Precisamente su mejor virtud es haber nacido como consecuencia de un trauma, como la estadounidense de 1787 y las de las grandes democracias.
Todas se redactaron con heridas de guerra, como la de la independencia de EE.UU. y las de los países europeos más importantes y respetables tras la II Mundial.
Los desastres enseñan cómo evitarlos después. Tras desencadenar algo horrible sus responsables tratan de no repetir sus motivos y consecuencias.
La Constitución española fue elaborada por representantes…
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