Antes de que se descubriera el fraude de Volkswagen en sus motores diésel, los líderes de los sindicatos internacionalistas UGT y CCOO en las fábricas de Seat y Audi que la empresa alemana tiene en Martorell, Barcelona, se negaron a pronunciarles contra la independencia de Cataluña porque “no tiene por qué afectar al empleo”.
Al contrario, apoyaban el “Pacto Nacional por el Derecho a Decidir” la independencia. Tanto, que Artur Mas los premió con la Cruz de Sant Jordi de 2014 por unirse a la “construcción nacional”.
Además los subvenciona con siete millones de euros anuales cuyo destino nadie más que ellos controla, y eso aparte de lo que reciben del Estado español.
La implicación secesionista la demuestra la vicepresidenta y portavoz del Gobierno de Mas, Neus Munté, una dirigente de UGT cuya militancia sindical la llevó a la política…
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