En las Navidades de 2002 el chapapote del petrolero Prestige llegaba a Galicia y provocaba un desastre ecológico que trataba de explicar sin demasiada fortuna el entonces vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
Luego, el 14 de marzo de 2004, perdió las elecciones como candidato a la presidencia tres días después del peor atentado terrorista sufrido hasta hoy en territorio europeo desde la II Guerra Mundial.
Rajoy ha tenido una mala suerte repetida que le acosa también como presidente tras quedarse el día 20 con 143 diputados, 43 menos que los que logró casi milagrosamente para obtener mayoría absoluta a finales de 2011.
Esperaba que los electores españoles le dijeran “gracias” por la que cree que fue una buena gestión político-económica que desde 2012 sacó el país de la ruina a la que lo abocó el ideologizado, contador de nubes y repartidor de aire Rodríguez Zapatero.
Luego, evitado el desastre, consiguió poner en marcha el país, como le reconocen los centros económicos y de poder…
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