Sólo unos pocos militantes de los que van quedándole al PSOE pueden aprobar el último movimiento de Pedro Sánchez para conseguir su nominación a la presidencia del Gobierno.
Acaba de cometer una traición, una gran traición a los españoles al prestarle cuatro senadores a los independentistas catalanes de ERC y de la CDC para que formen grupos parlamentarios, mientras le afea al Rey que no reciba a una jefa de los separatistas.
Actos así fueron preludio de sus ruinosas alianzas electorales en Cataluña, Galicia y Baleares, pero en su caso se añade una inédita chulería retadora, de echao p’adelante que asusta, porque este tipo es capaz de mandarnos al infierno para decir “Aquí está este macho”. Es peor que Aznar.
Las torpezas y personajes como este explican que el PSOE cayera aceleradamente desde sus casi 800.000 militantes con Felipe González, a los 193.989 de mediados de 2015, y bajando, pues la llegada de Pedro Sánchez le supuso perder casi 5.000 en pocos meses…
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