Por picos, palas y azadones para enterrar los muertos del enemigo, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil…
Dice la leyenda que el Gran Capitán inició así sus cuentas para Fernando el Católico en 1504, justificando irónicamente sus gastos en la guerra de Italia tras darle innumerables glorias.
Esa soberbia del héroe, que dilapidaba dinero a la vez que conquistaba territorios, permite evocar a Mariano Rajoy.
Rescatar España del pozo económico en el que la hundió Zapatero no le ha evitado una enorme caída electoral por la corrupción de muchos de sus capitanes.
Acaba de cerrarse la legislatura de Rajoy, iniciada en 2012, con menos del 21 por ciento del paro, y 2015 con gran creación de empleos: 678.200.
Pocos se fijan en ello. Sólo importan las innumerables corrupciones de los suyos, que no corresponden…
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