Hasta finales de este viernes se debatía la prohibición de exhibir banderas separatiscas catalanas en el estadio del Atlético de Madrid este domingo, 22, en la final de la Copa del Rey de fútbol entre el Sevilla y el Barcelona, bajo la presidencia de Felipe VI.
Y ninguna autoridad del Gobierno, fuera de la delegada en Madrid del Gobierno, proclamaba sin reservas que la medida era prudente porque las “esteladas” podían generar enfrentamientos entre separatistas catalanes y españolistas sevillanos.
Los nacionalistas catalanes alegaban que prohibición iba contra la libertad de expresión, cuando el problema era, como diría Bill Clinton, “La violencia, estúpido, la violencia”.
Un juez madrileño de lo Contencioso- Administrativo aceptó el razonamiento de los independentistas y ordenó que se admitan esas banderas que son la señera con un triángulo con una estrella.
Bien, pero después, si hay disturbios o sangre, ¿quién paga?..
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