El discurso de Nochebuena del Rey fue un sutil llamamiento a los españoles para que recuperen su autoestima tras superar las últimas crisis, la económica y la política, pero también la histórica de los enfrentamientos mutuos y las intolerancias.
No empleó la palabra autoestima. Pero ese era el mensaje. Sentimiento poco común en tantos españoles, con excepción seguramente de los catalanes.
Los políticos y los medios informativos, incluso de la derecha, transmiten un pesimismo a los ciudadanos que les hace creer que el vaso de su bienestar está siempre medio vacío, mientras ven medio lleno el de los demás, ay la envidia, sin observar que puede estar más vacío que el suyo.
El nacionalismo somete a los catalanes a lo contrario. A la obsesiva propaganda positivista sobre su ser, su esencia, su historia, su riqueza y su superioridad. Lo han inventado, escrito y descubierto todo, desde el alfabeto hasta el jamón de Jabugo y la bandera de EE.UU., por la que la CUP va a pedir derechos de autor…
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