El sistema democrático estadounidense ha sido manipulado por una potencia extranjera al extremo de provocar, podría decirse, un golpe de Estado: ese es el mensaje que transmite la expulsión de 35 diplomáticos rusos acusados de favorecer a Donald Trump y dañar a Hillary Clinton en las elecciones presidenciales.
Barack Obama le ha reconocido así que Rusia controló la que hasta ahora era la primera potencia mundial y colocó como presidente al candidato más amistoso con Vladimir Putin, jefe del imperio históricamente rival.
Ciertamente, Trump parece tener una visión de la política exterior parecida a la rusa y opuesta a la tradicional estadounidense, heredera de la Guerra Fría…
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