En Mudela, Ciudad Real, se recuerda a José Laguna, un herrero tan honrado que rechazaba a quienes se empeñaban en colocarlo en cargos políticos advirtiéndoles: “No me pongan dondhaya”.
No se fiaba ni sí mismo, lo que indicaba que creía menos aún en quienes manejaban fondos públicos.
Las últimas historias de las corrupciones, ahora la del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, confirman la sentencia de Laguna: colocaron “dondhay” a gente que quizás antes era honrada, pero que sucumbió a la tentación de quedarse con un buen botín.
El ejemplo de Laguna se redondea con una sentencia de Antonio D. Olano cuando advertía que todos somos “de género buitre”, según la edad.
El buitre joven come la carroña que le traen sus padres, grandes buitres, pero según crece y vuela libremente embucha la corrupción que encuentra, cada vez en mayor cantidad.
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