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Smart City Law

Pablo G. Vázquez 07 Feb 2018 - 11:24 CET
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Hoy quiero que este tocadiscos suene a ritmo de smart city, concepto que cada vez está más en boca de todos, y que, la verdad, ha conseguido llamar mi atención (o curiosidad). Para ilustrarme un poco sobre ello logro acceder a la persona en España que con total seguridad más sabe de estos temas: Ugo Valenti*, desde su privilegiada condición de Director de la «Smart City Expo World Congress».

A los cinco minutos de charla y con independencia de su carisma o de su entusiasmo a la hora de explicarme su visión del asunto,  ya me ha convencido plenamente con sus argumentos.

Intento indagar un poco en el concepto real de lo que significa ser una smart city.

O que vas paseando y tu móvil suena cada vez que te acercas a un comercio que en ese momento tiene disponible a buen precio un producto/servicio que te interesa.

O que en el próximo Pleno de tu ayuntamiento se debata sobre un asunto que ese mes es preocupación de determinados vecinos (mediante la captación de sensibilidades vecinales vía RRSS u otros dispositivos).

 

¡En fin, cualquier cosa que puedas imaginar para optimizar y mejorar la calidad de vida en tu ciudad gracias a una concreta innovación tecnológica estratégicamente diseñada!.

Le pregunto por el evento que dirige, la smart city expo world congress de la Fira de Barcelona: “esta pasada edición ha sido impresionante!”, me dice con un entusiasta tono de voz. Sin embargo, para mi sorpresa, en vez de hablarme de la cifra de expositores, países, facturación y demás aspectos puramente mercantiles me suelta cosas como: “es emocionante ver cómo se junta una ciudad sudamericana con otra asiática para compartir experiencias y protocolos de actuación smart previamente aplicados en otros lugares”; “eso sí que es un auténtico hermanamiento entre pueblos y lugares, y desde mi evento lo que buscamos sencillamente es eso”.

Me habla de que en España se están haciendo esfuerzos muy importantes desde todas las Administraciones Públicas (estatales, autonómicas y locales) para que la filosofía “smart” pueda ser accesible incluso a pueblos o núcleos rurales más pequeños, vía actuación instrumental de financiación y coordinación conjunta. ¡Ten en cuenta que ciudades muy pequeñas, villas y pueblecitos por sí solos no tendrían capacidad financiera y de gestión para implantar y mantener esas innovaciones tecnológicas!”.

En fin, la idea me gusta. Ahora bien, precisamente como estamos hablando de cuestiones que conllevan mucha transparencia, financiación, mucha tecnología, sí considero que como contraprestación debería crearse un cuerpo normativo marco, a modo de Estatuto jurídico, que consolide y no proceda a minorar derechos de la ciudadanía que pudieran verse conculcados con la aplicación de estos protocolos de innovación. Y no me refiero a temas sectoriales (que también) como la intimidad y la protección de determinados datos, me refiero a no provocar espacios duraderos de ventajas y desventajas distribuidas de manera desigual así como el proteger legalmente espacios no digitalizados (por la evidente vis atractiva de la digitalización).

That´s all, folks!

A cuidarse, meus.

P.

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Pablo G. Vázquez

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