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(7) Ser amigo mío es funesto

Antonio Florido 30 Ene 2015 - 20:13 CET
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De Acantilado (2014), este libro, un tanto voluminoso, (más de cuatrocientas páginas, contando las cartas, notas de los editores, apéndice y epílogo) nos muestra parte de la correspondencia rescatada entre dos grandes escritores centroeuropeos, Joseph Roth y Stefan Zweigh. 268 cartas entre ambos intelectuales, desde 1927 hasta 1938. Destacan las de Roth, con su vida desmesurada, culta, fatídica, impregnada de alcohol y de hundimientos morales. J. R. habla con una sinceridad bestial, cruel, certera, hasta un punto descarnada, como un dardo clavado en el alma del que lee, apuntando al centro de lo evidente, de su mundo, de una Europa que viajaba sin descanso hacia el abismo. Una figura esencial en el seno del declive intelectual, una parodia de ser humano que se extrema en ser y en crear. Roth tan pronto se arrastra como se alza sobre los demás, en una muestra bellísima de saber hacer y de saber luchar contra todas las adversidades.
En las misivas que leemos, Roth no cesa un instante de quejarse (quejarse al mundo entero) de su mala fortuna, de las penurias económicas, que le acucian sin descanso, de su salud, en caída libre, de sus acreedores, que le persiguen. Y se lamenta al amigo, a Zweigh, de manera incesante, insistente, hasta la exasperación, hasta la locura. Joseph nunca abandonó al amigo, a pesar de sus propias dificultades. Lucha y amor entre dos grandes de la literatura, con un fondo patético, de teatro, donde se ensayaba el drama que luego devendría.
Un enorme libro. Un libro más en mi cerebro.
Vale.

Antonio Florido

Antonio Florido nació en Carmona (España), en 1965. Estudió Mecánica, Ingeniería Industrial y Ciencias Políticas. Aunque comenzó su oficio de escritor con la poesía, reconoce que se sintió tan abrumado por la densa humanidad de este género que tuvo que abandonarlo

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