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(22) La defensa

Antonio Florido 18 Abr 2015 - 12:33 CET
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Graham Greene (1904-1991) fue uno de los primeros autores que leí. ¿Treinta años, ya? Puede. El tiempo pasa. Ahora, sin embargo, he vuelto a él. Este libro consta de siete cuentos. Magistrales. En “La defensa” asistimos a un irónico caso de supuesta injusticia divina. En “Prueba definitiva” encontramos a un hombre que sobrevive a la muerte y le vemos y oímos la carne presente, hasta que llegas al final de la historia y comprendes. En otros cuentos hay espías, perseguidos, enfermos… En el último, “El ídolo caído”, el que más me sorprendió, un niño de familia adinerada queda solo con su mayordomo y la esposa de éste. Balmes, viejo y cansado, le narra al pequeño batallas de la juventud donde aparece siempre como un héroe, figurado o real, no importa ahora el detalle. Los ojos del chico grandes, embobado escuchando esas maravillosas historias que toma como cuentos en el aire. Balmes juguetea con una jovencita, al socaire de sus faldas. La esposa, ignorante. Y entre él y la mujer, chantajean al niño contándole sus secretos. Claro, el niño lo cree todo, hasta que la señora Balmes sorprende a la pareja y forcejea con el marido. Ella cae. Muere. El niño huye, asustado. Indeciso. Hasta que un guardia lo toma de la mano, aún en pijama el niño, y lo conduce a la comisaría. Una llamada al teléfono. Pronto se enteran del homicidio. El ídolo del niño se hunde. Tremendo.
Lo mejor, empero, es la forma deliciosa de Graham a la hora de crear una atmósfera tierna y cruel, un mar separado por donde el niño vive su propia experiencia. Un clamor a la hermosura en las letras, en los sonidos, en la misma historia. Greene recordado. Los autores nunca mueren. Sólo esperan a que tomes alguno de sus libritos y te decidas a leerlo, a zambullirte en el misterioso confín de su imaginación.
Me trajo a la memoria, por cierto, la inolvidable y bien hecha adaptación cinematográfica de “El tercer hombre”. Y también recordé a “El príncipe destronado”. Ya saben ustedes de qué hablo, ¿no?
Literatura con mayúsculas. No la mierda que hoy se impone.
Vale.

Antonio Florido

Antonio Florido nació en Carmona (España), en 1965. Estudió Mecánica, Ingeniería Industrial y Ciencias Políticas. Aunque comenzó su oficio de escritor con la poesía, reconoce que se sintió tan abrumado por la densa humanidad de este género que tuvo que abandonarlo

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