Las fiestas de Sueca ya no será nunca más Fiestas patronales, sino del arroz. Lo ha decidido el Ayuntamiento de Sueca, a fin de quitar el protagonismo a la Virgen de Sales, patrona de la ciudad.
Me parece chusca esa manía de borrar el pasado y su simbología, animado no por un espíritu de progreso, sino de revanchismo y odio, me atrevería a decir.
Los padres de la Revolución Francesa también se pasaron de frenada en su proceso aniquilador del antiguo régimen. Puestos a abolir discriminaciones y privilegios, injusticias y arbitrariedades, se cargaron hasta el calendario tradicional, debido a su origen romano, es decir, contrario a la razón natural, que es lo que por entonces se estilaba.
Su absurdo invento igualitario de doce meses de 30 días empezaba en el de Vendimiario y acababa en el de Fructidor. Les sobraban, claro, cinco días que, no sabiendo qué hacer con ellos, los llamaron epagómenos o sanculótidos y los dedicaron a festear. Aquello, que iba a durar para siempre, no aguantó ni doce años: de octubre de 1793 a septiembre de 1805. Y eso que hablamos de la Revolución Francesa.
Los munícipes de Sueca no tienen una misión histórica a la altura de los revolucionarios del Siglo XIX, pero no será por falta de ganas. Lamentablemente para ellos, lo suyo se queda en simple afán de molestar, como lo de aquella alcaldesa de la localidad catalana de Les Garrigues del Vallès que mandó girar todos los elementos ornamentales de la Plaza Mayor para que, en lugar de seguir encarada hacia la iglesia, como estaba, se orientase hacia el ayuntamiento y diese la espalda, por decirlo así, a la parroquia.
Esta decisión de laicidad de la fiesta patronal ni siquiera se debe a un discutible respeto a otras creencias, como la polémica por la escultura de Santiago Matamoros en Santiago de Compostela, o ciertas modificaciones realizadas en alguna fiesta de moros y cristianos. A ésta no le veo otra intención que la de fastidiar.
Y no quiero ponerme pesado. Pero también hubo un ministro franquista llamado Julio Rodríguez, de quien lo único que se recuerda es su intento de modificar el calendario escolar para que el curso fuese de enero a diciembre, so pretexto de acomodarlo al año natural.
Como se ve, gente que se pasa de lista la ha habido siempre. Y justo ahora, en que se recuperan tradiciones, como las navideñas del Olentzero vasco o el Caga Tió catalán, van unos munícipes y se cargan a la Virgen. Pero, claro, ésta no es pagana, como los otros. Así, pues, que se jorobe.
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