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¿Quién le pone el cascabel a ZP?

Enrique Arias Vega 13 Jul 2007 - 20:13 CET
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Es una metáfora, claro. Pero Rodríguez Zapatero le tiene tomada la medida a Mariano Rajoy y no al revés. Se evidenció en el último debate parlamentario, donde el presidente salió crecido y con todas las encuestas a favor. Más que al estado de la nación, se juzgó al estado de la oposición, que quedó bastante malparada.

El asunto tiene delito, que diría el otro. Zapatero ha cosechado un clamoroso fracaso en su política negociadora con ETA, ha sufrido cuatro manifas multitudinarias en su contra, ha creado un guirigay estatutario en el que algunos dirigentes territoriales de su partido impugnan a otros y, ya ven, ha salido de todo ello de rositas.

Quien ha quedado más fatigada con tanta confrontación ha sido, paradójicamente, la oposición. Sacarla de nuevo a la calle va a costar Dios y ayuda; sus dirigentes difieren ya en cuestiones sobre el 11-M, educación, financiación territorial y hasta estrategia política. Y, finalmente, la opinión pública empieza a cansarse de su “no” machacón y repetitivo, sin alternativas claras a muchas cuestiones que le inquietan.

No está nada mal la cosa. O nada bien, según se mire. Como ciertos púgiles con recursos insospechados, Rodríguez Zapatero ha estado contra las cuerdas varias veces y siempre ha conseguido, finalmente, zafarse de su rival y acabar por golpearle en el mentón. En algunos círculos del Partido Popular cunde, si no el desánimo, sí la sospecha de que habrá presidente socialista para rato. Con un peligro añadido: que Rodríguez Zapatero está dándole la vuelta al país como a un traje viejo y que, de seguir así, el PP puede quedarse para vestir santos.

De todo esto, el riesgo mayor es la desafección de la opinión pública, puesta de manifiesto en sucesivas encuestas que suspenden una y otra vez a Mariano Rajoy y a la política opositora del PP.
Así que éste debe ponerse las pilas, cambiar de estrategia, buscar la complicidad del personal y hasta renovar a sus dirigentes si quiere comerse alguna rosca electoral.

Y que no se confunda: no vale su crecimiento territorial en la Comunidad Valenciana, Madrid o Murcia. Eso estará bien para Camps, Esperanza Aguirre o Valcárcel. Y para Rita Barberá y Ruiz-Gallardón. Pero aumentará el foso que separa las dos Españas, la suya y la otra, la del totum revolutum de enemigos del Partido Popular.

Que tenga en cuenta, además, que de todos los males posibles el peor de todos es esa dicotomía entre ciudadanos que puede fragmentar aún más nuestra frágil convivencia.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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