Isabel Pantoja anda por medio de la Operacion Malaya. Esta semblanza la publiqué en el periódico Noticias del Mundo, de Nueva York, el 19 de julio de 1997, y acaba de ser recopilada, con otros nombres de mi peripecia profesional, en el libro Personajes de toda la vida (2007), editado por la UNED de Valencia:
«Tiene todo, hasta leyenda, para ser una reina: la reina de la canción española. Aunque lo suyo no es sólo canto, sino pasión; no es sólo letra, sino sentimiento; no es sólo música, sino alma.
«Se definió en su día como viuda de España y cultivó el misterio tras su amor trágico con un torero: Paquirri (¿hay tragedia más romántica que morir en una plaza de toros?)
«La circunda una aureola de amores prohibidos. Parapetada siempre tras alguna amiga, es como un fruto que resulta tentador para las mujeres, inaccesible para los hombres e inquietante para todos.
«Quizá por eso no le faltan críticas. También la zorra de la fábula dijo que las uvas estaban verdes cuando vio que no podía alcanzarlas. Así, los remilgados impotentes cuentan que si esto y que si aquello, que si parece cursi, que si le sobra vello, que si le falta clase,…
«Es el sino de todas las tonadilleras: desde Estrellita Castro a Carmen Sevilla, desde Marujita Díaz a Rocío Jurado. Envidiadas y criticadas a la vez. Admiradas y calumniadas al tiempo. Pero jamás ignoradas.
«He tenido la oportunidad de verme en los ojos aniñados de la cantante. De que mi mano tocase la suya. De que mis labios rozasen el suave melocotón de su mejilla. De saber, entonces, que su halo de misterio es autodefensa, que su soledad es temor a ser herida y que, en el fondo, como tantos otros, Isabel es sólo una niña con miedo a crecer».
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