Bill Clinton se ha convertido en el marido de la candidata presidencial Hillary Rodham. Esta semblanza la publiqué en el periódico Noticias del Mundo, de Nueva York, el 23 de agosto de 1997, y acaba de ser recopilada, con otros nombres de mi peripecia profesional, en el libro Personajes de toda la vida (2007), editado por la UNED de Valencia:
«Acabó el partido de basket de Arkansas contra Duke y allí estaba, a mi lado, al borde de la pista. Uno, modesto reportero, con su cámara en ristre, para plasmar el momento. El otro, presidente de los Estados Unidos, a cuerpo limpio, para felicitar a los campeones.
«En cuanto se aclaró la algazara de los vencedores, un emocionado Bill Clinton abrazó al coach Nolan Richardson. «Ha valido la pena todo lo sufrido para que llegase este momento», oí que le decía. Antes, al ver que yo le miraba, con una sonrisa esplendente Clinton me tendió su mano. Acostumbrado al fervor de las multitudes y al ritual de las campañas electorales, el suyo fue seguramente un gesto automático. A mí, en cambio, me pareció cordial.
«Visto así, a metro y medio, Clinton es más alto, de tez más clara y con ojos más azules que en las fotografías. Doy fe, además, de que el hombre estaba emocionado. Con una gorra de los Razorbacks en su cabeza, los ojos del presidente se humedecieron y la nuez de su garganta subió varias veces con precipitación.
«Qué quieren que les diga. A lo mejor, el mundo se estaba despeñando entonces por un barranco. A lo mejor, sus asesores andaban en Washington como locos. Pero allí estaba él, ajeno a todo salvo al mágico momento de la victoria de su equipo. En aquel momento, al margen de cualquier consideración política, Clinton me pareció más humano que mi vecino de la casa de enfrente».
Home