Julia Roberts es una de las actrices mejor pagadas de todos los tiempos. Esta semblanza la publiqué en el periódico Noticias del Mundo, de Nueva York, el 9 de agosto de 1997, y acaba de ser recopilada, con otros nombres de mi peripecia profesional, en el libro Personajes de toda la vida (2007), editado por la UNED de Valencia:
«Es la novia que todos hubiéramos querido tener. Aun con sus imperfecciones. Si fuera más perfecta, la desdeñaríamos, por inalcanzable.
«Asistí a la entrevista que le hizo James Lipton, el director del Actor’s Studio, en el seminario de este año. A diferencia de otros invitados a lo largo del curso —Mike Nichols, Meg Ryan, Harvey Keitel,… —, no se marchó deprisa y corriendo al acabar la entrevista. Se dejó avasallar por los alumnos y un muchacho rubio, entre azorado y decidido, consiguió hacerse una foto junto a ella. A ver si así se le abren las puertas de la profesión…
«La accesibilidad es parte del encanto de Julia. También lo son esos ojos como plazas de toros que miran sin parpadear. Lo hacen no por ingenuidad, sino porque les desborda el sentido del humor. Es que Julia tiene unas ganas de reírse que se le escapan. Si no lo hace más es porque una actriz tiene que hacer de todo, hasta llorar.
«El suyo es un cuerpo elástico, en continuo movimiento. Cambia de postura en su asiento, adaptándose a las preguntas del entrevistador. Hasta sus silencios son de una dinámica elocuencia.
«Nos enamoramos de ella, claro, en Pretty Woman. Y nos sentimos engañados cuando se casó con Lily Lovet. No le perdonamos que malgastase su talento en My best friend’s wedding. Y nos reconciliamos con ella en Conspiracy theory. Es que Julia, en su dulce anatomía, encierra tantos personajes como mujeres quisiéramos amar».
Home