Francisco Umbral acaba de fallecer. Esta semblanza la publiqué en el desaparecido periódico El Correo Catalán, en el lejano 18 de noviembre de 1977, y acaba de ser recopilada, con otros nombres de mi peripecia profesional, en el libro Personajes de toda la vida (2007), editado por la UNED de Valencia:
«A diferencia de otros, atiende él mismo al teléfono. Como si no tuviese otra cosa que hacer. Y hace. Cuando no lo llevan de cócteles o a la tele, se pasa el día escribiendo. “El que diga que no dejo obra de creación es que no se ha enterado: son 48 los libros que llevo ya escritos”. Como Balzac, pues, pero con bufanda.
«“Lo de la bufanda no es porque sea hipocondríaco —explica—, sino por la faringitis. Yo siempre tengo faringitis”. Y dale con llevar la contraria. Le gusta la publicidad y rehuye los líos. Coincidimos el pasado 20-N en Barcelona: “He dejado Madrid por si las moscas —comentaba, entre sorbo y sorbo de vermú—, que el ambiente está muy tenso y han amenazado con partirme la crisma”.
«Conserva la crisma entera. Y dos mil admiradores y dieciséis enemigos. Por celos. Los envidiosos le reprochan el dinero que gana y el escribir al contado. “¿Qué pienso yo del dinero? Nada. Simplemente, lo gasto”, añade. Y, sin que nadie se haya dado cuenta, acaba de concluir otro artículo. La pera».
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