Sigue al alza el número de mujeres asesinadas en el ámbito doméstico. Quizá por un siniestro y fatídico efecto imitación o emulación. Cuanta más publicidad se dé a esos casos, más legitimados deben sentirse los brutales aspirantes a matarifes.
Y es que los vesánicos criminales de este tipo, al igual que los terroristas y otros especimenes violentos, no se inmutan ante proclamas, condenas y manifestaciones de repulsa. Éstas, en vez de calmarles, les excitan.
Por eso, uno es más bien partidario del rigor de la ley y santas pascuas. Al primer incumplimiento de una orden de alejamiento, seis meses de prisión en un juicio rápido. A la segunda, dos años de cárcel. Y así sucesivamente. Aparte de que el homicida en potencia se lo pensaría dos veces, mientras él esté en la cárcel eso que gana su presunta víctima.
Tampoco entiendo la tolerancia con los vecinos que no denuncian agresiones previas. Lo suyo es un delito de omisión de socorro. Si a la primera de cambio notificasen cualquier conato de ataque, otro gallo nos cantaría.
Es en todo eso en lo que creo y no en bienintencionadas reprobaciones retóricas a toro pasado.
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