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Un actor camino de la Casa Blanca

Enrique Arias Vega 10 Sep 2007 - 01:10 CET
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Tan mal andan las cosas en el Partido Republicano que el actor Fred Thompson tiene posibilidades de ser el candidato de su partido a la Casa Blanca.

La verdad es que se presenta con diez años de retraso y sin los méritos de otros actores metidos a políticos. Uno, Ronald Reagan, porque antes de dejar Hollywood se pasó más de veinte años en política hasta alcanzar la presidencia. Otro, Arnold Schwarzzenegger, porque tenía la notoriedad estelar de que carece Thompson.

Paradójicamente, a diferencia de sus predecesores, Fred Thompson fue antes político que actor. Y es que en Estados Unidos todo es posible, como dice la propaganda voluntarista y meritocrática. Thompson llegó a la pantalla interpretando su propio papel, el de un joven abogado que se enfrentó en 1977 en los tribunales al gobernador de Tennessee por el despido de una asesora de convicciones opuestas a las de su defensor. Y ganó el pleito.

Desde entonces, nuestro hombre ha hecho todo tipo de papeles de gente de orden, desde almirante hasta senador, pasando por director de la CIA, fiscal, jefe de personal de la Casa Blanca o agente del FBI. Y ha sido compañero de reparto de actores de la talla de Kevin Costner, Sean Connery, Tom Cruise o Clint Eastwood.

En 1994 se presentó para cubrir la vacante en el Senado de Al Gore, nombrado vicepresidente de los Estados Unidos, y batió al candidato demócrata por más de veinte puntos de diferencia. En cuanto juró el cargo, se le encargó nada menos que dar la réplica televisiva a Bill Clinton, entonces flamante presidente del país.

Ya son méritos, ya. Pero en los últimos nueve años Thompson sólo se ha dedicado al cine y la televisión. ¿Por qué, entonces, vuelve a la política cuando otros en su lugar simplemente estarían pensando en la jubilación?

Pues por el descrédito acumulado por George Bush, que ha dejado la imagen de la presidencia estadounidense al nivel del betún. Una de las tareas más difíciles que tendrá el próximo mandatario norteamericano es la de recuperar el crédito de su país ante enemigos y aliados y restañar los desperfectos de la insensata política exterior del actual inquilino de la Casa Blanca. Quizá Fred Thompson piense que nadie mejor que él para la labor, debido a su rostro amable y telegénico, conocido lo mismo en Ulan Bator que en Kuala Lumpur.

Y es que, lo consiga o no, lo cierto es que la época presidencial de Bush hijo pasará al Guinness Book como uno de los mayores despropósitos de todos los tiempos.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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