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La próxima mujer violada

Enrique Arias Vega 20 Sep 2007 - 08:13 CET
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Ignorando su horrible destino, en algún lugar vive confiada la próxima víctima del violador del Valle de Hebrón, quien será puesto en libertad este sábado, tras cumplir 16 de los 311 años de condena por 32 delitos probados. Si no es él el futuro agresor, lo será el violador del ascensor, liberado en mayo tras 16 años de cárcel, o el del Ensanche, que será excarcelado en octubre tras su condena por 5 violaciones.

Pueden ser ellos o puede serlo cualquier otro reincidente de los muchos que no se han rehabilitado en prisión. Según Andrés Montero, presidente de la Sociedad Española de Psicología, el 40 por ciento de este tipo de delincuentes es reincidente. Como Pedro Jiménez, condenado por violación y que sólo dos años después violó y asesinó a dos mujeres policías.

No quiero ponerme dramático, pero esto es lo que hay. Contra ello, no puede prolongarse la prisión de quienes han cumplido su pena. Faltaría más. Tampoco, detenerlos por un eventual delito futuro, como en aquella película de Steven Spielberg, Minority Report, que protagonizaba Tom Cruise. Pero algo habrá que hacer.

Para empezar, modificar la ley. Con la actual, ya está en paz el violador del Valle de Hebrón, puesto que las condenas en este país no son acumulables. También la cumplió formalmente la primera vez que permaneció en la cárcel 7 años para, a los diez días de salir, comenzar su nueva ristra de crímenes.

Probablemente, sería bueno que a los violadores no rehabilitados se les aplicase la ley Parot, sobre cumplimiento íntegro de la condena. Quizás. ¿Y después, cuándo salgan a la calle, qué se puede hacer?

Lo mismo que otros delitos conllevan penas accesorias, incluso de inhabilitación especial de cargo o empleo público, el violador reincidente debería tener algún tipo de control posterior y cumplir unas normas que garantizasen su libertad, pero también la seguridad de sus víctimas potenciales.

Entre esas medidas, claro, cabría la castración química voluntaria que propone Nicolas Sarkozy. A lo mejor no es un remedio absoluto, pero se puede vivir y convivir con ella. ¿No lo consiguen los reincidentes al volante que se quedan sin carné de conducir? Y que nadie diga que se les priva de un derecho fundamental.

Es que a veces somos más mirados con los criminales que con sus víctimas.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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