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Los pedazos de España

Enrique Arias Vega 21 Sep 2007 - 19:42 CET
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Coincido con un amigo, especialista en conflictos internacionales, en que no sabemos en cuántos trozos se fragmentaría España tras una ruptura que nos tememos ineluctable.

Sé que dicho esto así, en frío, parece una barbaridad. También mi mención en 1990 de la eventual desintegración de Yugoslavia provocó el cabreo mayúsculo de su embajador en Madrid. Menos dramática fue la reacción de una periodista croata, en Zagreb, un mes más tarde: “Sería una pena que eso ocurriese —me contestó—. ¡Con lo bien que vivimos ahora!”

Pues ya ven: donde antes había un país, ahora hay seis y si prospera la independencia de Kosovo serán siete. Y es que muchas veces resulta más fácil ver las cosas a distancia, con la perspectiva que proporciona la lejanía, que cuando uno es parte del conflicto.

Y conflicto lo hay. Y gordo. Quienes creían que con la sucesiva y creciente ampliación de competencias de las comunidades autónomas se aplacarían las veleidades nacionalistas han podido comprobar que sucede justamente lo contrario. La última Diada Nacional de Cataluña, donde fue abucheado hasta el propio presidente de la Generalitat, José Montilla, por botifler, lo evidencia. Y, en Euskadi, la dimisión al frente del PNV de Josu Jon Imaz, el último nacionalista no independentista, lo ratifica.

Resulta, pues, paradójico y hasta grotesco que Rodríguez Zapatero diga que hoy existe “mayor cohesión nacional que nunca”. Hasta Jordi Pujol, siempre posibilista, rompe amarras arguyendo que ni con Franco se sentía Cataluña tan incómoda en España, mientras que Ibarretxe prepara ya su referéndum secesionista y Carod Rovira emplaza el suyo a sólo seis años vista.

Todo esto se inscribe, además, en un escenario de creciente fragmentación de la Europa periférica. Como gusta recordar mi amigo, “ya ningún croata puede ser jefe de Estado en Belgrado, como Tito, ni Stalin podría mandar en Rusia por ser georgiano”.

Quizás ese hipotético futuro no sea catastrófico, ya que así se acabaría la convulsa agitación centrífuga actual. Claro que resulta difícil delimitar el proceso porque, visto lo visto, una vez desprendidos los tres o cuatro primeros fragmentos del viejo solar patrio, ¿qué nexo ligaría a Canarias con La Rioja o a Baleares con Extremadura?

Y que nadie se queje, ya que todos nuestros Gobiernos democráticos, desde Adolfo Suárez a hoy, han preferido subordinar el interés general a largo plazo a su conveniencia inmediata y partidista de mantenerse en el poder.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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