Leo que dos padres han decido alquilar cada uno de ellos el piso al hijo del otro, para que ambos cobren los 210 euros mensuales de subvención.
No me extraña, pues éste es un país de pícaros que inventó el dicho: “Hecha la ley, hecha la trampa”. Por eso, el Conde Romanones, jefe de Gobierno de hace un siglo, dijo a su vez: “Que otros dicten las leyes, pero que me dejen a mí redactar los reglamentos”; es decir, la letra pequeña.
Aquí, pues, defraudamos en casi todo: en los subsidios de la UE, con producciones inexistentes; en las prestaciones por desempleo, con trabajos irregulares; en el IVA, con servicios sin factura; en el IRPF, con rentas sin declarar…
Por eso, la nueva panoplia de medidas sociales de Rodríguez Zapatero puede suponer nuevos chollos para los pícaros: subvenciones por hijos que no nacen, salarios mínimos para falsos perceptores, pensiones de viudedad por maridos de quita y pon y todo aquello que nuestra retorcida imaginación permita.
Lo peor de todo es que, aquí, esas prácticas, en vez de sanción penal, lo que suscitan es admiración.
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