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«Cataluña, maltratada»

Enrique Arias Vega 23 Nov 2007 - 11:41 CET
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Ya no son sólo los seguidores del inefable Carod-Rovira (Josep Lluís, para que no quepan dudas) quienes muestran su clara desafección de España. Desde el guirigay del nuevo Estatut al desastre ferroviario de Barcelona, las cosas se han desmadrado. Supongo que alguna responsabilidad tendrá en ello Zapatero (Rodríguez, aunque suela omitir ese noble apellido), por haber dicho aquello de “aceptaré el Estatuto que apruebe el Parlament de Cataluña” y haber hecho luego lo contrario.

Lo cierto es que la cantinela actual es que “Cataluña se siente maltratada por España”. La inició el ex president Pujol hace un par de meses y, pasando por Maragall, la recoge ahora su sucesor, José Montilla, quien aduce que “el maltrato inversor padecido por Cataluña” se halla detrás de “la sensación de abandono de la sociedad catalana”, lo que explicaría “un alejamiento de Cataluña que podría ser irreversible”.

¡Jobar!, sobre todo, si tenemos en cuenta de que Montilla es correligionario del propio presidente español.

Pero no es sólo una persona tan aparentemente moderada la que eleva el tono de la queja y la admonición. En los últimos tiempos lo ha hecho también José Manuel Lara, presidente de Planeta y del Círculo de Economía, al advertir que “se está produciendo un peligro serio de divorcio entre Cataluña y España”, ya que una mayoría de sus paisanos “se siente maltratada dentro del Estado español y muchos de ellos se preguntan: ¿qué hacemos aquí?”

Como no hay dos sin tres, el presidente de la patronal catalana, Joan Rosell, cuantifica en un 28% menos que Madrid la inversión que ha recibido Cataluña, “y el que lo niegue, miente”, por lo que “estamos hartos de esta falta de inversión”.

No hay duda de que estas intervenciones coincidentes en el tiempo han sido concertadas. Siendo benevolentes, hay que considerar que tratan de evitar una ruptura constitucional que ninguno de ellos desea. Y que, para impedirla, buscan que el Estado se vuelque en aquella región, aplacando así a las voces más radicales.

Puede ser. Pero el lenguaje resulta inequívoco: contrapone Cataluña y España como dos entes diferenciados y las críticas no se dirigen al Gobierno de turno, sino al Estado como institución. Ése es el peligro de la escalada victimista. Otros, con más motivo de queja, como los valencianos, inculpan a veces a algún inquilino temporal de La Moncloa, pero no son tan suicidas para ir contra un Estado sin el cual ninguna parte de España sería ni de lejos lo que ha llegado a ser.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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