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Mejor ser criminal que policía

Enrique Arias Vega 14 Ene 2008 - 08:37 CET
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Si uno es un criminal, le ampara la presunción de inocencia. Si, en cambio, es un policía, se sospecha enseguida de su culpabilidad. Así de sencillo.

Eso ha sucedido con la detención traumática, como tantas otras, de los asesinos etarras Igor Portu y Martín Sarasola. Y es que una captura policial no consiste en un gentlemen’s agreement, es decir, un pacto entre caballeros basado en el honor. Algunas veces, incluso, el arresto de criminales tiene que ser más forzado y violento que otras, dada la fogosidad y rudeza opuestas por los aprehendidos.

Pues bien: vistas las lesiones apreciadas en uno de los dos etarras, han salido como panteras los políticos abertzales y hasta Miren Azkarate, portavoz del propio Gobierno vasco —máxima institución del Estado en aquella Comunidad, no se olvide—, para hablar de torturas a los detenidos. Y eso que el otro delincuente apresado, Martín Sarasola, negó que nadie le hubiera puesto la mano encima.

Uno, claro, recuerda los viejos tiempos del franquismo, en los que la autoridad de cualquier policía de la porra era omnímoda y podía extralimitarse sin responsabilidad penal ni administrativa alguna. A lo más que se arriesgaba era a recibir una medalla o a un ascenso.

Pero ahora estamos en una democracia in vigilando, llena a rebosar de garantías policiales, judiciales y procesales para los detenidos, en los que si a alguien se le va la mano se le cae el pelo.

Entiendo, con todo, que padre y tío de Igor Portu presenten la correspondiente denuncia a fin de que se practiquen pruebas forenses a su familiar. Eso es amor paternal como Dios manda. Aunque, dado que los etarras detenidos han reconocido los asesinatos en la T-4 de Madrid, su actitud me merecería más crédito si los susodichos parientes también pidiesen perdón a los deudos de Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio por el crimen cometido por Igor. Pero no hay tu tía.

Coincidiendo con todo esto, se celebra en Barcelona el juicio por dejar en coma a un guardia urbano hace tres años. Nadie se ha manifestado por la brutalidad sufrida por el policía agredido. Es más: los okupas y demás violentos implicados, cuya presunción de inocencia se mantiene hasta que una sentencia firme asegure lo contrario, se llaman a andanas. Para completar el sarcasmo, al juicio asisten “observadores internacionales” y representantes diplomáticos de los imputados, ante posibles “prejuicios debidos a su nacionalidad”.

Lo dicho: aquí resulta mucho más gratificante ser criminal que policía.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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