“Yo también soy una víctima”, ha dicho Tomás Delgado, que hace cuatro años mató con su coche al joven ciclista Enaitz Iriondo y pide ahora a sus padres 20.000 euros por los desperfectos de su coche.
En vez de estar destrozado por la tragedia, y al margen de su posible responsabilidad, el homicida reabre la herida de los padres y los machaca con su demanda. “No es que los 20.000 euros me hagan falta —remacha el matador—, pero no tengo por qué renunciar a ellos”.
¿Víctima o más bien un redomado sinvergüenza?
Yo, personalmente, apuesto por lo segundo. Un tipo así, además de aversión, me inspira la sospecha de su culpabilidad en el accidente. Lo grave es que en el juicio que se ventila este miércoles lo mejor que les puede pasar a los padres de Enaitz es no tener que pagar. Nada más. El homicida es el demandante, no el demandado.
No sé si habrá lugar a otro juicio penal por la muerte causada por el Delgado ése. Pero si se abre una cuestación para poder meterlo en la cárcel, que cuenten conmigo para pagar un juicio en el que se lo enchirone.
Home