No es la primera vez que políticos como Gaspar Llamazares piden que se regule jurídicamente la apostasía, para así abominar públicamente, a bombo y platillo, de la Iglesia Católica.
Semejante aspiración puede manifestarla, precisamente, gracias a vivir en un país de cultura y tradición cristianas, es decir, de tolerancia, de respeto al otro y de separación radical de Iglesia y Estado. Si lo hubiese hecho en un país islámico, en cambio, el coordinador de Izquierda Unida habría sido condenado a muerte. Basta que un musulmán abandone su religión, sin necesidad de alharaca alguna, para que incurra en la correspondiente sharía sancionadora. En muchos países mahometanos, la religión consta en el carné de identidad de los ciudadanos y, así como uno puede convertirse tranquilamente al islamismo, su regreso a la confesión de origen resulta imposible.
Pero, a lo que se ve, la religión cristiana es la única que “mete miedo”, incluso a los que pueden burlarse impunemente de ella en el ejercicio de su libertad individual. ¿Dónde si no aquí, en Toledo, acaba de celebrarse el I Concilio Ateo, más contra la religión que a favor de una presunta libertad de pensamiento o de conciencia?
Y es que aquí, por cierto, es donde pueden organizarse exposiciones de arte blasfemo, por llamarlas de alguna manera, estrenarse espectáculos antirreligiosos o manifestarse uno públicamente contra el catolicismo, con beneplácito de las instituciones y de quienes se benefician de sus sustanciosas subvenciones.
Lo curioso es que en España acaba de legalizarse hace menos de un mes la denominada Iglesia de la Cienciología, sí, la de Tom Cruise y John Travolta, con el mismo reconocimiento y los mismos derechos que las otras 1.400 confesiones y comunidades religiosas no católicas inscritas en el Ministerio de Justicia. Ninguna de ellas, ni las más radicales, ni las de aquellas prácticas más dudosamente ilícitas, concitan sin embargo en algunos sectores la animadversión o la urticaria que les produce la Iglesia.
En un totum revolutum de descalificaciones, se mezclan desde alusiones pretéritas a la Inquisición hasta críticas iracundas a la actitud moral frente al aborto, por ejemplo. En una falsificación histórica monumental, se llega a hablar de un “gigantesco genocidio indígena en América Latina”. Lo grotesco del caso, es que quienes suelen hacer esas prédicas son personajes como el boliviano Evo Morales, indio él, que preside un país de mayoría indígena. ¿Qué genocidio es ése que, a diferencia de los ocurridos en los otros cuatro continentes, ha dejado vivas a todas sus víctimas para que puedan criticarlo tan campantes?
Pero, insisto, es que la civilización cristiana mete miedo “por esa voluntad intolerante de imponer a los otros criterios, valores e intereses”. La cita, recentísima, pertenece paradójicamente a un sacerdote dominico, extraordinariamente progresista, a lo que se ve. Y puede efectuarla como si tal cosa. ¿Se imaginan a un imán haciendo lo propio respecto a su universo religioso? Imposible. En cambio, el texto de nuestro clérigo radical aporta, en sí mismo, la mayor prueba de tolerancia que ofrece la Iglesia, al poder manifestarse tal como lo hace. Y demuestra, una vez más, que la laicidad y el ejercicio de la libertad hasta para negar cualquier creencia sólo se producen en los países de cultura y tradición cristianas.
En los otros, lamentablemente, nadie puede decir las cosas que se permite nuestro dominico. Ni otras muchísimo más suaves que ésas.
El último ejemplo lo tenemos en Afganistán. Sayed Perwitz Kambajsh, periodista de 23 años, ha sido condenado a muerte por presuntas “burlas al Islam y al Corán”, al haber escrito un artículo en el que afirmaba que el profeta Mahoma ignoró los derechos de las mujeres.
Así están las cosas. Hablamos de Afganistán, un país teóricamente liberado de los talibanes y donde las tropas de la OTAN pretenden instaurar y mantener un régimen democrático, salvando todas las insalvables diferencias con los nuestros. Pues ya ven. Lo que pasa allí no causa temor a las satisfechas conciencias occidentales. Por el contrario, a algunos de nuestros paisanos más sectarios lo que les “mete miedo”, un día sí y otro también, según las manifestaciones que hacen es el “fundamentalismo cristiano”.
Vivir para ver.
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