De hacer caso a la prensa, radio y televisión, no sólo no existe el partido de Rosa Díez, sino que ella misma debe hallarse en Tanzania, como cerca.
La ex dirigente socialista está conociendo ahora, pues, la penosa travesía del desierto de todos los disidentes, por la que han circulado antes que ella desde Alonso Puerta hasta Manuel Pimentel.
Con la creciente tendencia al bipartidismo, en la que le cuesta sacar cabeza hasta al propio Gaspar Llamazares, ¿quién recuerda siquiera cómo se llama el nuevo partido de Díez, pese a haberlo avalado Vargas Llosa?
No existe para las tertulias de televisión, ni para las ruedas de prensa, ni siquiera para los préstamos bancarios. ¿Hay alguien que obtenga un solo diputado en estas condiciones?
En lo único que parecen estar de acuerdo PSOE y PP es que cuanta menos competencia, mejor. Como aquellos pistoleros del Far West, lo suyo propende a un mano a mano y que la chica no se salga de su modoso papel de compañera abnegada, dulce y bobalicona.
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