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Fuera del debate electoral

Enrique Arias Vega 17 Feb 2008 - 09:43 CET
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Resulta que hay que dejar fuera del debate electoral el tema del terrorismo. Lo viene diciendo con reiteración Rodríguez Zapatero. Ahora también hay que soslayar el espinoso asunto de la inmigración, no vaya a ser que la liemos. Del agua del Ebro, no digamos. El propio Mariano Rajoy evita mencionar la cuestión y, para no arriesgar ningún voto, se ampara en una abstracta y genérica alusión a los trasvases.

Yo también creo que, para ahorrarnos disgustos, lo mejor es no hablar de nada durante la campaña electoral. Del tiempo, si acaso, que resulta un tema muy socorrido y nada polémico. O ir directamente al insulto personal, que es lo que en el fondo les pirra a los políticos, en vez de tener que estrujarse el magín con propuestas razonables y realizables.

Si no lo hacemos así, a cualquiera le puede pasar como a los obispos. Para una vez que los pobres dan su opinión sobre una serie de temas tan discutibles como todos, el aparato del Estado en bloque les amenaza con revisar el Concordato, dejarlos en cueros, metafóricamente hablando, y si no va tan allá como Gaspar Llamazares, empeñado en hacer apostasía pública de la fe cristiana, es porque un aparato no puede hacerlo, por mucho que se empeñe y por muy estatal que sea.

Por eso, lo ideal es dejar cualquier asunto de interés al margen del debate electoral. Mejor aun, prohibir que haya debates. O, más ingenioso todavía, decidir que no haya elecciones, con lo que economizaríamos una pasta que para qué.

En un divertido relato es lo que proponía el escritor Isaac Asimov, autor de Yo, robot y de otras obras de ciencia-ficción. En su narración, en vez de unas costosas elecciones, con movilización de millones de ciudadanos, era una simple computadora la que elegía al individuo tipo, al hombre medio, a la persona representativa de la opinión general. Y ese único ciudadano, hombre o mujer, era el que determinaba quién iba a gobernar el país los próximos años.

Como ven, el bueno de Asimov ya preveía esta moda actual de dejar fuera del debate electoral todo aquello que resulta interesante para la vida cotidiana de los electores.

Así que no nos quejemos de la creciente propensión de los políticos a no hablar de nada, a prometerlo todo y a tirarse sañudamente de los pelos para al final, al acabar las elecciones, tomarse juntos unas copas que pagamos entre todos los contribuyentes. Eso es así ahora pero aun puede ser peor en el futuro.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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