Rafael Azcona acaba de fallecer. Esta semblanza la publiqué en la edición valenciana de ABC, el 14 de junio de 2000, y ha sido recopilada, con otros nombres de mi peripecia profesional, en el libro Personajes de toda la vida (2007), editado por la UNED de Valencia:
«Presume de ser fundamentalmente perezoso y de que prefiere charlar con los amigos a ponerse a escribir. A diferencia de Jean Pierre Lafargue, el yerno de Marx, que hizo un libro elogioso sobre la pereza, Rafael Azcona prefiere practicarla a escribir sobre ella.
«Con todo, lo suyo es pura pose. Claro que casi nadie lo sabe porque el hombre, tímido al fin, no suele acudir a estrenos, saraos y demás obligaciones sociales del mundo del espectáculo. Coherente con tales hábitos, no ha venido a Valencia aunque sea para oír que hablan bien de él.
«Hace años, el autor del olvidado libro El repelente niño Vicente explicó a este periodista por qué prefería escribir guiones de cine a novelas. “En una novela —me dijo—, uno tiene que estar todo el día haciendo descripciones de personas, de paisajes,… En un guión, en cambio, pones habitación llena de muebles o paisaje tropical y ya está”.
«Probablemente, como todo lo suyo, se trataba de un rasgo de humor; pero define perfectamente al personaje».
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