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Agua que no has de beber…

Enrique Arias Vega 04 Abr 2008 - 00:17 CET
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La última crecida del río Ebro, oh paradoja, se llevó por delante algunos tinglados de la próxima Exposición Internacional sobre el agua de Zaragoza. De haberse realizado las infraestructuras del fallido Plan Hidrológico, nada de eso habría pasado.

Y es que el agua sólo parece venir para mal. Mientras tanto, algunos embalses del río Tajo viven su peor sequía en un siglo. La última autorización de trasvasar 39 hectómetros cúbicos para consumo humano en Alicante, Murcia y Almería los ha llevado al límite. Claro que el principal pantano del Júcar, el de Alarcón, sólo se halla al 6 por ciento de su capacidad máxima.

Son datos para acongojar a cualquiera.

El problema también ha llegado a Cataluña, donde el sistema que abastece a Barcelona se prevé que entre en situación de emergencia este mismo mes de abril. De ahí el consiguiente lío político: ¿tienen los barceloneses más derechos que los regantes de Gerona al agua del Segre?, ¿por qué no realizar un trasvase de excedentes al río Llobregat?

Salió la palabra trasvase y ya se ha armado. El conseller catalán Francesc Baltasar, ecocomunista, dijo que sí. En seguida la vicepresidenta Fernández de la Vega le contestó que no. ¿Cómo autorizar el tráfico de agua del Ebro, del que el Segre es afluente, dentro de Cataluña, cuando se le deniega el PHN a Valencia?

En esa contradicción andan metidos todos, Unos, como Artur Mas, porque aspiran al agua del Ródano francés. Otros, como la Diputación de Gerona, en desacuerdo con que los barceloneses se beban el agua del Ter. Y eso que los ingenieros industriales de Cataluña piden que se “pierda el miedo a la palabra trasvase” y deje de satanizarse ya a los campos de golf, que “sólo suponen el 0,6 por ciento del consumo total de agua de las cuencas internas”.

O sea, que el conflicto del agua, que comenzó enfrentando a Aragón con la Comunidad Valenciana y a Extremadura con Andalucía, se extiende ya por todos los frentes en una insólita escalada de egoísmos territoriales, pueblo a pueblo, y dentro de poco aldea a aldea.

Bien por los autores de semejante desaguisado.

Mientras tanto, nadie se acuerda ya del Plan Agua, tan aireado en su momento por la ministra Narbona y cuyas normas y recomendaciones de ahorro han sido sistemáticamente incumplidas. Y es que no nos importa la eficiencia en el aprovechamiento hídrico, de la que los agricultores levantinos son un ejemplo, sino que preferimos arrojar el agua al mar antes de que sean otros los que la utilicen.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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