Mi única satisfacción durante la dictadura franquista la produjo la ineficacia de su policía política, afortunadamente más incompetente de lo que requería su vesania represiva.
Hablo con cierto conocimiento de causa. Mi ficha policial, a la que tuve acceso tras el final de aquel régimen ominoso, era un cúmulo de despropósitos. Se me atribuían hasta simpatías separatistas y se ignoraba todo sobre mi real militancia política clandestina.
Ya ven lo listos que eran los esbirros del sistema.
Digo todo esto para evidenciar mi nula simpatía hacia el antiguo régimen, a diferencia de algunos antifranquistas de nuevo cuño, que bien que jaleaban entonces al dictador. Otros no han tenido oportunidad de hacerlo por mero azar cronológico, pero de haber vivido en aquella época habría que haberlos visto.
Por eso no entiendo el afán de algunos en borrar las huellas de la historia, como si el franquismo no hubiese existido nunca.
Quizás traten así de paliar la ignominia de que el tirano se muriese de viejo en la cama y de que una inmensa mayoría de nuestros paisanos se sometiesen con gusto a sus dictados.
Lo siento por ellos, pero la historia es la historia y ahí está para recordar nuestros errores. Lo otro, esa revisión o reescritura del pasado denominada equívocamente Memoria Histórica, no es muchas veces más que una falsificación de la realidad o, si somos benévolos, el deseo retrospectivo e imposible de que eso hubiese sido de otra manera.
Pues no. Salamanca le dio la Medalla de Oro de la Ciudad y la Alcaldía de Honor Perpetua a Francisco Franco y debe quedar constancia de ello.
Una cosa es lo que dice la ley de “eliminar las menciones de exaltación de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la Dictadura”. Por supuesto. Faltaría más. Otra cosa distinta es esa inicua pretensión de falsear y hasta hermosear la historia.
Por todo eso, me parece bien que no revolvamos los pasados honores ciudadanos al franquismo. Al menos, a mí, que me jugué el tipo en aquella inacabable coyuntura, me complace que se sepa que otros, en cambio, se postraban ante el dictador.
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