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Defensa del castellano

Enrique Arias Vega 03 Jul 2008 - 18:28 CET
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Si uno recorre la Quinta Avenida de Nueva York, a lo largo de varios kilómetros puede oír más de un centenar de lenguas. Son idiomas que coexisten en libertad, sin que nadie los imponga o los defienda; simplemente, la gente los usa para poder entenderse.

Eso sucede en un país, Estados Unidos, donde no existe lengua oficial alguna y todos los ciudadanos tienen el derecho a ser educados en su idioma materno, por exótico que sea. Cada cierto tiempo, no obstante, surge la propuesta de only english, de fomento del inglés, pero no como coacción, sino para evitar la discriminación de quienes no dominan esa lengua.

Todo eso es, justo, lo opuesto de lo que sucede aquí.

Hace tiempo que en las regiones bilingües españolas se pretende que la única lengua vehicular sea el vasco, el catalán o el gallego y no el idioma común, con lo que se evidencia que no pretendemos comunicarnos unos con otros, sino agrandar cada vez más la singularidad y la diferencia.

Así, cuando las instituciones de Cataluña se niegan a una tercera hora en castellano no lo hacen para aprender más y mejor el catalán, ya que prefieren dedicar esa tercera hora al álgebra o a la pasamanería; lo que se busca es la preterición de la lengua común. Luego, claro, uno lee a algún articulista —en la lengua de Pompeu Fabra, por supuesto—: “Qué lástima que la selección alemana no nos haya dado una alegría a todos los catalanes que queríamos ver derrotada a la selección española”.

Para no caer en esa aberración ni en otra de signo contrario, uno no es partidario de defender esta o aquella lengua, ni siquiera el castellano: me basta con que no quieran imponerme ninguna.

Es verdad que si el idioma español sólo se usase en España estaría en franca regresión, por los ataques sistemáticos que padece: los mismos que, en sentido inverso, sufrieron las otras lenguas nacionales en época de Franco. Pero los idiomas, por suerte, sobreviven a las disposiciones administrativas. Así que dejemos a las lenguas en paz, que cada uno hable la que quiera y que consigamos por fin entendernos entre todos.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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