Vayan las cosas bien o vayan mal, siempre ganan los mismos.
Ese secreto a voces lo acaban de descubrir ahora, vaya por Dios, los mandamases de la economía. ¿Para qué sirven, pues, las agencias de calificación de riesgos como Moody’s o Standard and Poor’s? Por lo visto, para nada.
Tampoco sirvieron en su día las empresas auditoras que dijeron, por ejemplo, que el Banesto de Mario Conde iba de dulce o ignoraron que Kenneth Lay, el presidente de Enron, estaba saqueando su empresa.
Ahora, digo, viene el escándalo por un compincheo en el que todos los implicados se han hecho sucesivamente millonarios. Algunos, simplemente, sólo han sido unos ineptos. Otros, como Calisto Tanzi, de Parmalat, Jean-Marie Messier, de Vivendi, Bernie Ebbers, de WorldCom… resultaron en su momento, además, unos chorizos de tomo y lomo.
¿Y quiénes van a poner ahora el cascabel a sus epígonos?
Probablemente surgirán nuevas regulaciones que los afectados acabarán pasándose también por la entrepierna porque, ya se sabe, reguladores y regulados son todos ellos lobos de la misma camada.
Home