Me parece muy bien la campaña de la Unió d’Ateus i Lliurepensadors publicitando que “probablemente Dios no existe”.
Está en su derecho. El mismo que tienen sus contrarios, porque estas cuestiones de creencias pertenecen a la libertad de conciencia y no a otras instancias. Durante la II República, el Ateneo de Madrid puso a votación la existencia de Dios y el que éste ganara por un voto de diferencia no parece que cambió ninguna creencia.
Se producen dos paradojas, no obstante, que no puedo dejar de reseñar. Una, que la campaña viene de Gran Bretaña, país que sí es confesional y donde la jefatura del Estado y la de Iglesia oficial coinciden en la misma persona.
Otra perplejidad: mientras que lógicamente nadie se atreve a criticar esta propaganda —o la del Islam, por ejemplo—, no les cuento qué pasaría con una acción semejante de la Iglesia Católica porque ustedes lo saben perfectamente. “Intolerable proselitismo” es el calificativo más piadoso que oiríamos.
Está visto que nada es ya lo que fue.
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