A Rajoy le ha parecido “muy bonita” la pose —sugerente, pícara, sensual, atrevida o erótica— de su portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, en un magazín.
Y es que Rajoy y Soraya son, como Rodríguez Zapatero y tantos otros, unos políticos postmodernos. Es decir, que para ellos todo tiene un sentido o el contrario, según convenga. Por eso, igual que critican el vestuario de Fernández de la Vega o Carme Chacón, en cuanto pueden las imitan.
Vistos, pues, de cerca, todos los políticos coinciden en esa ideología postmoderna de valores trasmutados: por ejemplo, hay tantos dirigentes del PP divorciados como del PSOE.
Antes, todo era discreción y recato, cuando no hipocresía o represión. Ahora, en cambio, cualquier ciudadano se confiesa en el ciberespacio con YouTube y MySpace o se desnuda, no tan metafóricamente, en programas televisivos como La hora de la verdad y Gran Hermano.
Por eso mismo, los políticos postmodernos, en su afán por conseguir nuestro voto, prefieren mostrarnos su intimidad a sus convicciones.
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