Supongo que no sólo en Madrid todo el mundo espía a todo el mundo. Sólo ocurre que los hurones del entorno del PP deben ser más chapuceros que el resto.
Aparte de la sanción moral y política que ello merece, el espionaje conlleva un desvío fraudulento de fondos públicos. Esa práctica, en otros ámbitos, ya empieza a resultar habitual entre nosotros.
Todavía no somos un país corrupto al nivel de Camerún o Camboya, pongo por caso, pero podemos aprender: así, no nos basta por ejemplo con multiplicar los funcionarios con iguales competencias, sino que los adobamos con asesores en temas que no los necesitan y sin pasar por las pertinentes oposiciones.
Añádase a esto las licitaciones amañadas para los amigos, la creación de asociaciones y fundaciones irrelevantes y la petición de falsos informes que se fusilan de Internet y tenemos un buen cóctel.
En resumen: que somos menos demócratas de lo que alardeamos, tan chapuceros como parecemos y más sinvergüenzas de lo que presumimos.
Home