Hay que agradecer a los sindicatos españoles que no se hayan echado a la calle con motivo de la crisis económica. Al menos, por ahora.
Con la enormidad del problema colectivo existente, sólo faltaría que las centrales sindicales, en vez de apretarse también ellas el cinturón, arrojasen más gasolina al fuego. Eso, en vez de resolver las dificultades actuales, haría el incendio aún más devastador.
Por desgracia, hasta en épocas de bonanza, los sindicatos están más pendientes de mejorar la retribución de quienes tienen empleo que en conseguir trabajo a quienes carecen de él. Eso sucedía ya cuando hace sólo dos años presumíamos de ir hacia el pleno empleo: aun así, teníamos entonces una tasa de paro del 8%, muy por encima de los países de nuestro entorno. Y lo mismo sucede ahora, cuando andamos por el 15%, doblando casi el desempleo de nuestros vecinos.
Es que el INEM se ha convertido no en una oficina de recolocación, sino en un lugar en el que se vivaquea mientras dura el subsidio de paro: ¿dónde están muchas veces los cursos de capacitación y de reciclaje?, ¿dónde las ofertas de empleo?, ¿dónde las posibilidades de movilidad laboral?
El primero que, en esta ocasión, ha cogido el toro por los cuernos ha sido el convergente Artur Mas, al sugerir “trabajar más y no por más dinero”. En su estela han venido luego el presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán y hasta el comisario español en la UE, el socialista Joaquín Almunia, reconociendo que el mercado de trabajo en España “funciona muy mal”.
Pero quien de verdad ha cabreado a los dirigentes sindicales, en vez de hacerles reflexionar, ha sido el gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez (Mafo), al proponer que se modifique el sistema de prestación de desempleo y el coste del despido, para incentivar así la contratación y favorecer la movilidad laboral.
En vez de juzgar si repartir el trabajo con otros criterios puede aumentar el número de empleados, algún dirigente sindical ya ha pedido a Rodríguez Zapatero que envíe también a Mafo al paro: uno más.
¿Es que nadie ve que nos estamos puliendo el subsidio de desempleo a una velocidad de vértigo?, ¿que pronto no habrá ya ni un duro para aguantar el nivel actual de prestaciones?, ¿que sale más a cuenta crear nuevos empleos que no mantener a más parados?
Si no se incentiva la contratación de personal —menos cargas sociales, facilidad de adaptación al mercado,…— y no se invierte en mejorar nuestra productividad, saldremos de la crisis más tarde que los demás y, lo que es más grave, sin poder mantener en el futuro su ritmo de recuperación.
¿Preocupa esto de verdad a los sindicatos o sólo están pendientes del próximo convenio, al margen de que cada vez haya menos trabajadores activos con los que convenir?
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