La lista de los más ricos del mundo que elabora la revista Forbes acaba de incluir a un delincuente por primera vez. Eso, que se sepa, porque hace nada Bernard Madoff era considerado un millonario ejemplar y ahora resulta que no es tan sanguinario como el narco de la lista, Joaquín Guzmán, El Chapo, pero no por ello menos bandido.
Por eso, a lo mejor, la relación de la revista lleva años repleta de criminales ignorados. Porque, veamos: ¿cuántos de esos banqueros y empresarios presuntamente modélicos no son en realidad sino meros delincuentes de cuello blanco que se han enriquecido a nuestra costa?
La hipótesis resulta inquietante, pero en absoluto desdeñable. El haber introducido en el listado de marras a un narcotraficante ha irritado al Gobierno de México, país de donde es natural El Chapo, pero en realidad el incluirlo en un escalafón de gente adinerada supone un acto de justicia.
Si, en cambio, se hubiese tratado de una lista de personajes ejemplares, probablemente no figuraría en ella ninguno de los que ahora aparecen.
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