José Bono ha ordenado retirar del Diario de Sesiones de Las Cortes los insultos de la diputada Celia Villalobos a su colega Miguel Ángel Heredia. Así que ya no constará que aquélla le llamó “indigno” y “ladrón”. Tampoco los reproches previos del diputado socialista al alcalde de Málaga.
Es una pena, qué quieren que les diga, pero sobre todo una falsedad.
Gracias a ésta y a muchas otras mutilaciones anteriores de lo allí sucedido, los historiadores futuros que estudien las actas del Congreso pueden llegar a la equívoca conclusión de que en nuestra época éste era un lugar paradisíaco y ejemplar.
Lo mismo ocurre con el ansia por borrar aquellos doctorados, alcaldías perpetuas y declaraciones de “hijo predilecto” otorgados al dictador Francisco Franco como si semejante ignominia no se hubiese cometido.
Prefiero que esa infamia conste en acta, con los nombres que la perpetraron. Y es que, si no tuvimos valor para cambiar en su momento nuestra historia, no tratemos de hermosearla ahora para tapar así nuestra vileza de entonces.
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