Al parecer, el rector de la Universidad de Salamanca y el colectivo de alumnos anti-Bolonia van a debatir pública y civilizadamente sobre el controvertido plan de estudios europeo.
Ya era hora.
Uno, por viejo, no entiende la marimorena armada por ese tardío y necesario programa de armonización académica de 46 universidades europeas. Al fin y al cabo, lo que propone es de una lógica bien simple: reducir el número de carreras, prescindir de aquellas socialmente innecesarias, equiparar créditos docentes, favorecer el traslado de una universidad a otra y que haya menos clases magistrales y más tutorías.
Si en mis lejanos tiempos universitarios me hubiesen propuesto un plan mínimamente similar habría derramado gruesas lágrimas de emocionada gratitud.
Tampoco en Estados Unidos —donde, por cierto, nos sacan varias millas de ventaja académica— se comprende el que pueda reprochársele a un plan universitario el ser útil para la posterior inserción laboral de aquellos a quienes se aplica.
¿Es que la enseñanza no debe servir para encontrar un mejor y más eficiente trabajo en las empresas? ¿O es que, en cambio, preferimos dedicarla a la perpetuación endogámica de un profesorado cada vez menos competente? ¿O para que sesteen en las aulas hijos de papá y asimilados? ¿O para que en vez de estudiar los alumnos se dediquen a programar botellones, viajes de fin de curso y sexo libre?
Sé que lo dicho tiene su deliberada dosis de demagogia. Pero lo he hecho a posta, para fomentar con ello un debate que nuestra obtusa clase política consideró innecesario al firmarse el Plan. La inane ministra Cristina Garmendia —a la que por fin han quitado las competencias universitarias— trató todo lo relativo al Plan Bolonia con el desdén elitista de quien supone que lo evidente no hace falta demostrarlo. Así le ha ido. Esperemos que el nuevo ministro Ángel Gabilondo, sensible a la problemática de la universidad, arregle este desaguisado. Y deseo, también, que el rector salmanrino José Ramón Alonso sea lo suficientemente convincente para llevar las aguas anti-Bolonia al cauce de la sensatez.
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