Estoy prácticamente de acuerdo con el artículo No hablo el “lenguo” catalán, publicado por mi admirado Josep Maria Espinás en El Periódico de Catalunya.
Pero tengo una discrepancia importante en su reproche a Johan Cruyff por no hablar nunca en catalán.
Y no me apoyo, para ello, en el derecho a la libertad de expresión del holandés. Por mí, puede expresarse el hombre en serbocroata o en mandinga y allá él si le entienden o no.
Mi única objeción al texto de Espinás radica en que usa una carta en la que se compara, no muy sutilmente, la presión ejercida por la Alemania nazi sobre Holanda durante la Segunda Guerra Mundial con el uso del castellano en Cataluña.
Semejante paráfrasis no sólo supone una caricatura histórica —tema menor, si se quiere—, sino una resbaladiza incitación a la confrontación cuando lo que se necesita es justamente la tolerancia.
Sé que esta modesta reflexión, formulada con el respeto más exquisito, no me va a hacer más simpático a mucha gente, pero tal como lo siento lo expongo sin otras pretensiones.
Home