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Dictadores amantes de la familia

Enrique Arias Vega 29 May 2009 - 15:09 CET
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El rijoso e impenetrable dictador norcoreano, Kim Jong-il, pone al mundo al borde de un conflicto nuclear pero, eso sí, para poder legar a uno de sus hijos un país más devastado y hambriento que el que heredó en 1994 de su padre, Kim Il-sung.

Y es que los tiranos son unos amantes de la familia, la suya, aunque las otras les da lo mismo que revienten. Lo evidencia cada día en Guinea Ecuatorial Teodoro Obiang, riquísimo gracias a la explotación del petróleo y cuyo primogénito gasta millones en fastuosos fines de semana en París o en Johannesburgo, mientras su país continúa a la cola del mundo.

La suya es toda una tradición: el sirio Hafez el Asad cedió el poder vitalicio a su retoño Bachar, como parece que ahora pretende hacer con su vástago mayor, Seif al Islam, el libio Muammar el Gadafi, y como antes lo intentaron con peor fortuna el haitiano Papa Doc Duvalier y el nicaragüense Tacho Somoza. De éste contaban que en un cóctel con millonarios extranjeros se quejaba de tener una sola finca. «¿Y cómo se llama su propiedad?«, le preguntaron. “Nicaragua”, respondió.

La finca actual del comunista Kim Jong-il, en vez de bananas y mangos produce misiles y bombas atómicas. Son los nuevos tiempos, claro. Pero un caso y otro demuestran que la crueldad y el abuso no pertenecen en exclusiva a ninguna ideología en concreto sino que son la expresión de lo más vil y despreciable de la condición humana.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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