Son como esos automovilistas kamikazes que conducen en dirección contraria y se juegan su vida y la de los demás.
Me refiero a nuestros políticos, pobrecitos ellos. En vez de conducirse ordenadamente y de hacer propuestas constructivas que ilusionen al personal, dedican toda su artillería dialéctica a meterse con el adversario y sacan a colación temas como Gürtel, aborto, Bárcenas, Falcon, paro, Chaves, gripe, Fabra…
No parece, por consiguiente, que les importe tanto el que gane Europa en las elecciones del próximo domingo, como que pierda el partido rival.
En su obcecación, ignoran que con esa táctica destructiva al final perdemos todos: los ciudadanos, que se quedan sin saber a qué alternativas atenerse; Europa, que corre el peligro de debilitarse desangrada por la abstención, y fundamentalmente ellos mismos, que demuestran no estar a la altura de las circunstancias.
Si nuestros políticos se comportan, pues, como conductores suicidas, ¿por qué seguimos dejándoles que lleven el volante?
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